---Hey niña, ten cuidado. – Gritó la señora que dando un
paso hacia atrás pudo recuperar el equilibrio después del empujón que la chica
le había dado.
---Lo siento mucho. – Gritó Sayde mientras seguía corriendo,
le hubiera gustado disculparse como era debido pero no podía darse el lujo de
llegar nuevamente tarde a su trabajo. Su jefe había sido bastante específico en
cuanto a un segundo retraso.
Cuando faltaba un minuto para que el reloj marcara las tres,
llegó casi sin aliento, al establecimiento donde trabajaba desde hacía ya un
par de meses.
---Creí que esta vez no lo lograrías. – Dijo Joah, una
compañera de trabajo y su mejor amiga, más bien, su única amiga. Le lanzó un
mandil a Sayde quien se lo puso en un tiempo record y lanzando su mochila
detrás de la barra, tomó su block de notas, su lapicero y se dispuso a iniciar
su jornada laboral.
-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
---Anda vamos. – Dijo Jung Shin con tono infantil.
---No quiero, además tengo que terminar esta pintura hoy
mismo. – Contestó Verónica mientras mantenía la mirada fija en el lienzo que tenía
frente a ella.
---Pero estamos en una cuidad nueva, vamos. Quiero conocerlo
todo de arriba abajo. Anda, vamos. ¿Si? – La insistencia del chico sólo logró
que su amiga mantuviera la vista fija en su pintura y lo ignorara por completo.
– Ohhh, es que acaso ¿Me estás ignorando de nuevo? Entonces supongo que puedo
hacer algo como esto. – Jung Shin tomó el lienzo y sin ningún tipo de consideración
camino hacia la terraza y lo arrojó hacia la calle. Liah bajó la cabeza y negó
lentamente, sabía lo que se vendría.
---Dime que no acabas de hacer eso. – Dijo Verónica con una mirada
llena de fuego y la mandíbula apretada. Y antes de que el chico pudiera hacer
algo para evitarlo, ella se abalanzó sobre él a una velocidad apenas
perceptible. Lo arrojó contra una de las paredes del pequeño estudio haciendo
que la pared se agrietara y se formará un marca en la misma, acompañado de un
estruendoso ruido. Lo tomó del cuello con tanta fuerza que si Jung Shin fuera alguien
más, seguramente había muerto ahí mismo. - ¿Por qué siempre insistes en
molestarme, eh?
---Está bien, es suficiente. – Dijo Liah interviniendo y
alejando a Verónica de su novio.
Jung Shin se sobó el cuello y comenzó a reír, de la misma
manera que lo hacía siempre. Como si nada hubiera sucedido, pese a que la
enorme marca en la pared, sus ropas empolvadas y la pintura destrozada dieran
testimonio de lo contrario.
---Maldición ¿Desde cuando eres tan fuerte? – Dijo el
muchacho frotando su cuello y sacudiendo sus ropas llenas de polvo.
---Deja de molestarme Jung Shin, si no lo haces, estaré
encantada de usarte como mi gimnasio personal. – Contestó Verónica con una
sonrisa maliciosa.
---Está bien, ya entendí tu punto. – Contestó el chico. Tomó
a Liah de los hombros obligándola a caminar delante de él hacia la salida del
estudio.
Una vez que Verónica se quedó sola, observó su caballete
ahora vacío, suspiró y sonrió para si misma. Pese a las tonterías de JungShin,
se sentía realmente afortunada de contar con amigos como los que tenía. Ellos,
quienes le ayudaron a levantarse cuando sentía que ya nada tenía sentido,
cuando quiso desaparecer, cuando creyó que el dolor terminaría destruyéndola.
Ellos, con quienes compartía esa vida que ninguno escogió.
Colocó un nuevo lienzo y comenzó a pintar.
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-
---Amo los viernes. – Dijo Sayde dejándose caer en una de
las sillas del local. La cafetería había cerrado sus puertas hacia una hora y
lucia deslumbrante después de la exhaustiva limpieza que habían realizado,
preparándola para la siguiente jornada.
---Es Jueves, Sayde. – Contestó Joah.
---Ajá. – Respondió su amiga riendo, creyendo que estaba
jugando. Joah sólo la volteó ver dándole a entender que no bromeaba. – Hoy es
viernes, mira... – Sayde sacó su teléfono y enseguida se dio cuenta que su
amiga no estaba mintiendo. Se levantó al instante. Fue de tras de la barra y
tomó sus cosas para después salir corriendo del local.
---¿A dónde vas? – Preguntó Joah.
---Hoy tengo que ir al bar. – Dijo Sayde antes de cerrar la
puerta.
Joah suspiró y terminó de limpiar la mesa de la que se
estaba ocupando.
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
---El rojo es mejor. – Dijo JungShin poniendo el sombrero en
la cabeza de su novia.
---¿Te gustaría más si compró el rojo? – Preguntó Liah
riendo.
---A mí me gustas uses lo que uses. – Contestó el chico y le
dio un beso en los labios.
---Creo que debí dejarlos venir solos. – Dijo Min Hyuk
notablemente incómodo. Liah comenzó a reír.
---Sí, la verdad es que queríamos algo de privacidad pero tú
insististe en venir. – Respondió Jung Shin quien recibió un codazo por parte de
la chica.
---Quería conocer la ciudad… la culpa la tiene Verónica por
dejarme solo y convertirme en un mal tercio.
---No es así Min. – Contestó Liah con una sonrisa.
---De todas formas… creo que iré a caminar por ahí, quiero
conocer la ciudad pero con ustedes parándose y comprando en cada tienda que
pasamos, jamás recorreré más de una cuadra.
---¿Estás seguro? – Preguntó su amiga.
---Si, además creo que merecen un tiempo a solas. – Dijo Min
Hyuk, después salió del local.
---No llegues muy tarde. – Gritó Liah recibiendo un
asentimiento de Min Hyuk como respuesta. - ¿Ves lo que provocas? – Le reclamó a
su novio en tono juguetón.
---¿Qué hice? – Dijo JungShin levantando las palmas de las
manos. – Además él tiene razón, necesitamos un tiempo a solas. Desde que nos
mudamos, no hemos tenido tiempo para nada. ¿O es que acaso estás asustada de
quedarte conmigo a solas? – Agregó en tono seductor y atrajo a la chica hacia sí.
---Eres un tonto. – Contestó ella riendo. – Me llevo el
rojo. – Dijo a la vendedora al mismo tiempo en que le entregaba el dinero.
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
El sol comenzaba a ocultarse detrás de las colinas tiñendo
las nubes con tonos naranjas y rosados. Las lámparas y luces de los negocios
comenzaban poco a poco a encenderse, las calles también comenzaban a volverse
más transitadas por cientos de personas que, al igual que él, estaban ansiosos
de encontrar las fantásticas historias y aventuras que esta ciudad estaba
dispuesta a ofrecerles.
Min Hyuk caminaba tranquilo por las calles, fascinado por la
arquitectura de este, su nuevo hogar. Avanzaba entre las personas que señalaban
alegres los monumentos representativos. Sentía a su alrededor una atmosfera de
alegría y romanticismo. Pero hubo algo que los desconcertó, una sensación de
ansiedad que no desaparecía por más que intentara alejarla de sí. Se sentía
nervioso, extrañamente emocionado. Hacía mucho que no se sentía de esa manera y
eso lo asustaba pero también lo llenaba de curiosidad. Decidió detenerse por un
momento, se sentó en una banca intento calmar su acelerada mente.
Y entonces la vio, una escultura de ángel femenino, tamaño
natural, lo miraba con ternura. Atrayéndolo. El momento fue mágico, ese ángel
le dio tanta paz. La gente seguía pasando delante de él, pero Min Hyuk
simplemente no podía dejar de contemplar la hermosa escultura. Se levantó
lentamente y caminó despacio hacia la figura. Encendió su cámara, dispuesto a
tomar una foto de aquel objeto que le había brindado tanta tranquilidad. Llegó
al final de la calle, sólo una pequeña avenida lo separaba de la escultura.
Estaba fascinado, hipnotizado, estaba tan enclaustrado en sí
mismo que no se dio cuenta de la chica que venía corriendo a toda velocidad en
la calle perpendicular. Ella intentó frenar, eso no lo podía jurar. Pero desafortunadamente
no logró su cometido y se estrelló contra él.
El impacto fue tan intenso que incluso los derribó a ambos.
---Demonios, dos veces en un día ¿Qué está mal contigo
Sayde? – Dijo la chica al mismo tiempo en que se incorporaba. - ¿Estás bien? –
Preguntó a Min hYuk.
Él volteó a verla aún confundido y aturdido por el golpe.
Pero sabía que el impacto no tenía nada que ver con esa extraña y
desconcertante sensación que tenía dentro de él. Era tan nuevo para él, jamás
durante toda su existencia se había sentido de esa manera. Sentía felicidad,
ansiedad y emoción dentro de él. Extrañamente quería abrazar y besar a la chica
frente a él ¿Por qué a una completa desconocida? Ni él mismo era capaz de explicárselo.
No se trataba de atracción física, no esa sensación la había experimentado en
un par de ocasiones antes, no, se trataba de algo que iba más allá algo que
provocaba que esa estúpida sonrisa se formara en su rostro.
Te encontré.
La chica se quedó con la mano extendida durante un par de
incómodos segundos en los que MinHyuk sólo se dedicó a observarla.
---Dime que no la rompí por favor. – Dijo Sayde intentando
romper el incómodo silencio que se había formado entre ambos.
---¿Qué? – Min Hyuk salió de su ensimismamiento al ver los
labios de ella moverse.
--Tú cámara. – Contestó la chica, señalando el aparato que
se encontraba junto a Min Hyuk. Él la levantó y vio que la lente estaba rayada.
---No, está bien. – Mintió.
---Bien entonces… ammh… de verdad lo lamento, pero llevo
algo de prisa. De veras lo siento. –Dijo la chica y después de eso salió
corriendo nuevamente, sin dar tiempo a que él dijera algo más.
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Min Hyuk abrió la puerta de la casa que compartía con sus
amigos, y se adentró en ella. Liah y Jung Shin estaban recostados en la sala
viendo una película. A penas se dieron cuenta de la presencia del mayor.
Se sentó en uno de los sillones con la mirada fija en la
televisión, sin prestar atención en lo que acontecía en la pantalla, sólo podía
pensar en ella.
---Vuelvo en un rato chico. – Dijo Verónica mientras tomaba
su bolso. Sus amigos voltearon a verla, vestía elegantemente, además de lucir
un peinado y maquillaje a juego.
---¿A dónde vas? – Preguntó Liah, el reloj marcaba las diez.
---Me reuniré con el director de la galería. Quiere hacer
una exposición con mis cuadros y luego una subasta. Justo ahora necesitamos el
dinero para pagar la casa. Además necesito alimentarme.
---Está bien. – Respondió Liah volviendo a concentrarse en
la película. Así permanecieron media hora más.
Pero Min Hyuk no podía continuar así, necesitaba salir,
volverla a ver… No sabía su nombre y aún así tenía esa necesidad indescriptible
de mantenerla cerca de él.
---¿Qué es lo que te tiene tan intranquilo Min Hyuk? Estás
muy callado– Preguntó Liah sin siquiera voltear a verlo.
---¿Ehh?... No, yo sólo… estoy viendo la película. – Trató
de responder.
---Sabes que no sólo lo digo por el hecho de que no hallas
dicho una sola palabra desde que llegaste, cosa que ya es rara en sí. –
Contestó su amiga volteando a verlo. Min Hyuk se maldijo para sus adentros, el
que ella pudiera sentir de esa manera las emociones ajenas lo volvía loco en
ocasiones, sentía que era como si estuviera espiando su mente. Pese a todo sabía
que ella sólo se preocupaba por él y quería ayudarlo, y ¿Quién mejor para
ayudarlo a entender sus inexplicables sentimientos, que sus amigos?
---Hoy… conocí a una
chica. – Contestó despacio. Decidido a contarles todo. Jung Shin puso pausa a
la película y volteó a verlo con expectación. Liah sonrió al sentir la emoción
que emanaba de Min Hyuk al hablar de esa misteriosa mujer.
---¿Cómo que una chica? ¿Desde cuándo tú sales a conocer
chicas? – Cuestionó el maknae y su novia lo miró dándole a entender que dejara
hablar a Min Hyuk pues esto era algo grande.
---Bueno, no fue algo que planeara. Chocó conmigo y
hablamos. Es todo.
---¿Cual es su nombre? – Liah se mostraba curiosa y no era
para menos. ¿Sería que al fin su querido amigo habría encontrado a su compañera?
---Sayde. Es todo lo que sé.– Había un dejo de tristeza en
la voz de Min Hyuk.
---No estarías así por una chica con la que sólo chocaste en
la calle. – Observó Liah y Min Hyuk se preparó para contarles todo.
---Cuando la vi, sentí algo inexplicable, como un calor en
el pecho, y… era como si la conociera de toda la vida, algo en mi interior me
dijo que ella es importante para mí. – Sus amigos se quedaron con la boca
abierta, conocían la sensación de la que hablaba el chico, por supuesto que la
conocían, era exactamente lo que habían sentido cuando se conocieron.
---Creo que… la has encontrado. – Dijo Jung Shin. Y aunque
Min Hyuk no había sospechado no sabía exactamente cómo reaccionar ante ello.
---No lo sé…¿No es algo apresurado?
---En toda tu existencia ¿Con cuántas personas habías
sentido esto? – Dijo Liah
---Sólo con ella… es tan desconcertante.
---No hay duda entonces. – Contestó Jung Shin con una
sonrisa.
---¿Y cuándo la conoceremos? – Liah se veía tan emocionada
que poco faltaba para que comenzara a brincar.
---¿Qué? Pero si la acabo de encontrarla… tenemos que
conocernos más y aún falta saber si ella siente lo mismo por mí.
---Esto siempre es reciproco, sin fallas. Así que deberías
ir a buscarla ahora mismo. Oh, estoy tan
feliz, la haz encontrado al fin. – La chica corrió a hablar a su amigo.
---¿Crees que esté con otros? – Intervino Jung Shin.
---Ammm… no.
---Eso es genial, entonces ve a buscarla ahora mismo y… -
Comenzó a decir Jung Shin pero antes de eso fue interrumpido.
---Es humana.
---¿Qué? – Preguntó Liah totalmente confundida y a
continuación sintió un sentimiento de pesadez proveniente de Min Hyuk, ahí
estaba el dilema. El problema que tenía tan ansioso a sus amigo era ese.
--Está bien. – Dijo Jung Shin poniendo una mano sobre su
hombro y eso fue lo que desquicio a su amigo.
---No, no está bien. ¿Por qué tenía que ser una humana? ¿Por
qué? ¿Y verónica? Sabes lo que dirá, cómo reaccionará. – Dijo Min Hyuk elevando
la voz.
---No tenemos que decírselo justo ahora. Habla primero con
la chica y ya sabes… estamos a sólo dos meses para la gran luna y cuando ese día
llegue no habrá vuelta atrás y lo que Verónica diga ya no podrá afectarlos. –
Dijo Liah intentando tranquilizarlo, cosa que pareció funcionar, se quedó un
par de minutos pensativo. Sí, eso podría funcionar. Ocultárselo hasta que no
hubiera marcha atrás.
---Podrías funcionar. – Respondió Min Hyuk.
---Está bien, entonces lo haremos así. No le diremos nada a
Verónica hasta después de la gran luna. – Dijo Jung Shin con tono serio. – Se
lo ocultaremos.
---¿Ocultarme qué? – Verónica iba entrando en la casa y se
quedó mirándolos con suspicacia. Ellos se voltearon a ver sin saber bien que
responder.
Min Hyuk se encontraba en una complicada situación, debatiéndose
entre seguir a su corazón o cumplir con la promesa que había hecho. No podía
pedirle a Verónica que lo entendiera, no podía pedirle algo de esa naturaleza,
pero ¿y si fuera esa la única solución?
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